EVA Y SUS ADANES by Pura María García

EVA HABLANDO DE ADÁN

LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS DE UN CURSO DE COCINA EN EVA (PARTE 1)

IMAGEN TOMADA DEL GENIAL BLOGG DE PEPE, PEPEKITCHEN

¡Gracias, Pepe, por tu foto y tu blogg!

 

Siempre había creído aquello de que la cultura no ocupa lugar y que, precisamente por eso, por no hacer necesario la compra (y pago) de un armario, estantería o lugar donde almacenar el saber, cualquier actividad cultural era, de entrada, algo bueno. No penséis que lo creía sin reservas…ya sabéis que no se me da nada bien mentir, por lo que he de reconocer que a la vez que me decía que no debía dejar de aprender, una vocecita interior, esa pepita grilla que llevamos dentro y que sin pintarse los morros nos da la vara en los mejores-peores momentos, me recordaba una máxima de mi querida abuela Candelaria. ¿Os había contado que yo, de pequeñita, y menos guasa que no os hablo del pleistoceno superior, bordes, llamaba a mi abuela Calala porque pronunciar Candelaria me resultaba difícil? Pues, como os decía, mi abuela Calala tenía muchísimas sentencias (hoy, si viviera, sería una letrada más del Tribunal Superior de justicia, me la juego), que expulsaba por su boquita como si tal cosa, con un acento de casimurciana muy freak, pero auténtico, vamos, más que folk, requetefolk. Una de ellas, de las más profundas, la decía cuando me veía leer con absoluta devoción, y ritmo, libros y libros, especialmente lo que, aún sin comprender ni el título, constituían los “más interesantes” porque directamente eran los que el rígido (que no frígido) de mi papá etiquetaba con un “éste-ni-se-te-ocurra-leerlo-es-un-libro-rojo-y-te-dañará-el-celebro”. Bueno, pues cuando Candelaria Ferri me veía leer hasta las tantas, se acercaba y, por lo bajini, acompañando la sentencia con cachetitos indoloros, pero reiterados, me soltaba algo que no he olvidado jamás: “Ay, Puramari, que no sabes dónde te metes ¿Para qué, eh, para qué lees? ¿Tú no sabes que “leo, leo y cuanto más leo, más burra me queo?”

Sin comentarios, ¿verdad?

Yo, cabezota por un gen incrustado en mi adn desde el tiempo de mi antepasada Cabuda-isis, la única faraona que obligo a su faraón a construir una pirámide circular, con parqué y chimenea, me empeñé en leer hasta las rayas de la mano, actividad que ha tenido, no voy a negarlo, consecuencias regulares, y hasta no muy positivas, más que probadas. Un ejemplo: hace dos semanas cometí el “horror” de inscribirme en un curso de cocina. Hasta aquí nada anormal ¿cierto? Pues error, error, gran error, vuestro también si pensáis que un curso de cocina es algo inofensivo y enriquecedor. ¡¡¡Error!!! Yo no he vuelto a ser la misma, hay un antes y un después en mi vida, solo comparable al antes y después de mi depilación con láser!!!

Empezaré por el principio y no diré eso de  “seré breve” porque cada vez que asevero algo termino, no sé “porquémisterio”, haciendo lo contrario (lo tengo probado desde que le contesté al sacerdote con ese “si quiero” o ese “si, lo haré” durante el show clerical de mi matrimonio)

Cuando llegué a la escuela de cocina, que ahora se llamaba Atelier de restauración, dudé si iba a aprender a confitar pato o debería dejarme restaurar las arruguitas iniciales que se están instalando en temido alquiler con derecho a compra sobre la zona de mis labios (los bucales, especifico). Me atendió una señora que llevaba sobre el rostro más pintura que la sala de la capilla Sixtina cuando se terminó de restaurar. Tras una sonrisa blanquísima (nada que ver con mis dientes con recuerdos de los chutes de terramicina que mis papás autorizaron para ser practicados por los médicos de mi infancia para reducir las amígdalas de caballo que el creador me había puesto en la zona media del cuello), la recibidora me informó del importe del curso y la forma de pago: no aceptaban visa, “porque el acto de la cocina escapa de una transacción comercial”, vamos que, para relacionarlo ya con la cocina, aprendí que “pájaro que vuela…a la cazuela”.

Luego, al decirme la cifra que se suponía que teníamos que pagar para aprender “TÉCNICAS ESENCIALES DE LA COCINA ACTUAL”, tuvo a bien amortiguar el golpetazo económico, que cayó en el inconsciente y me rebotó en el consciente sin ningún tipo de rodeos, con un “el precio lleva incluido un kit básico de instrumentos para la elaboración de la receta, la clave de acceso a nuestra webb, donde podrás descargarte 999 recetas (éstas habían entendido muy mal el concepto del “redondeo”, pensé) y un dvd con recetas, paso a paso.

Eso es lo que me apeteció decirle a mí: paso, paso, pero recordé que aprender es bueno, que cocinar te hace distinguirte, en muchas posiciones, cuando hay una competición de tres o cuatro evas para conseguir la atención de un adán, que hoy está todo tan chungo que todas tenemos un curriculum muy ajustadito e igual…

Una vez el bolsillo vacío, y en cash, la señorita con aspecto de pasarela me hizo entrar en una sala, cuyas paredes estaban completamente atiborradas de diplomitas de cursos y certámenes de cocina, de los más curiosos, como unas jornadas internacionales, celebradas en Pekín, según pude leer, sobre el fideo de arroz y, además, fotografías de los gurús de la cuchara, nacionales y de exportación…hasta había un cuadro cutrísimo, a mí me lo pareció, con un delantal manchado con tres rodales de aceite, eso sí, de la variedad picual, que había pertenecido, según rezaba una plaquita igual de cutre que el marco, al gurú Adrià. Me esperaban tres alumnas, con cara de olla exprés, sintiéndose novatas, como yo, frente a la profesora, que se distinguía por llevar un cuchillazo, largo de cojones, en una mano y una espátula de diseño total, con grandes letras diciendo ALESSI, en la otra. Digo que nos sentíamos novatas porque, aunque estaba segura de que las cuatro sabíamos “másquedefendernos” en ese ring que es la cocina, al ver tanto cacharro y artilugio por la bancada-pupitre de la profe, a una se le olvidaba hasta que en navidad había sido capaz de trufar un pavo, sin ponerle ni una venda ni anestesia, así, tipo doctora house culinaria.

Empezaremos con un souflé delicado de patata y espuma de especies sobre un lecho de cebolla francesa caramelizada al punto con esencia de vinagre de Módena afrutado al…

Joder, y ¿¿¿eso era el inicio???? Mejor nos sentábamos a esperar el camión de Francia con las cebollés y, para que saliese el souflé delicado, lo adecuado sería tomar un coctel de Valium y orfidal, para relajarnos y delicadearnos las patateras de las alumnas, antes que la patata ¿ no?

Lo más plus fue cuando, sin señalar a ningún lado, como si fuese un maniquí de Zara, la profe nos pidió que seleccionásemos el bol adecuado. Jodeer, un bol? Yo, con esa sílaba inicial conocía dos palabras: bolso y boldrío!!! Miré a un lado y a otro, nos miramos. También entre nosotras, el equipo de las ollas exprés y …ya sin poder contenerme, ante el silencio sepulcral que inundó la improvisada y artificial cocina, que más bien parecía la sala de los logos y marcas que se encargaban de esponsorizar el curso, alargué la mano y cogí una cosa-recipiente, de forma indeterminada, que cayó, al segundo al suelo y se hizo miles de pedacitos-cosa al escuchar un no huracanado de la profe!

¡¡¡No, NO, el bol, el bol!!!

Por azar, o por la acción del dios Bol, mi mano se sintió atraída por una puñetera taza sin asas, con un circulito pintado en color ojo. Supe que mi vida no peligraba cuando adiviné el inicio de una sonrisa en la versión no roedora de de ratatouille, la profe del curso.

Comenzaremos ahora, dijo, tras hacernos realizar algunas operaciones complicadísimas, como pelar patatas con un cuchillito minúsculo, que digo yo que la jodida no soltaba el cuchillazo que llevaba, y que tan bien nos hubiera venido al equipo cacerola; laminarlas (por fin me enteré que “hacer lasca” no era hacer un frío del carajo sino hacer laminitas del tubérculo, uno vez desnudo de su vestido de piel marrón, como Penélope la de Serrat???) y formar un lecho (yo, al oír lo del lecho, empecé a frotarme las manos y a bendecir el instante en que, esa mañana, antes de ponerme los jeans, la idea de dejar de lado la fajaboinasosténbraga que a veces me pongo, una bragotas quitalíbido, pero cómodas de narices, había logrado imponerse y, afortunadamente, y más si había que “hacer lecho” con un adán, mis tangas de hilo dental y cristalitos de swarowski habían ganado por puntos y ahora, en el curso, a la espera del adán que vendría a hacer lecho con “moi”, se hallaban tensas totales (tanto que a veces maldecía a los diseñadores de tangas tan ajustadas) y listas para ser destensadas al hacer el lecho de…

Tomad las lascas de patatas más regulares para hacer el lecho…dijo la rataoutilleprofe…y el encanto del lecho, imaginándome yo con una patata en la boca, pelada, eso sí, y un adán cocinero, ataviado únicamente con una espumadera, colocada estratégicamente sobre una parte avícola de su cuerpo…buscándome con la vista para encontrarme el bol y darme con las varillas y….

Tomad las lascas de patatas más regulares para hacer el lecho, repitió, la muy borde, deshaciendo por completo con su grito huracanado la belleza y el erotismo de mi ensoñación patatil…

El aceite chisporroteaba sobre la encimera…

 A mí, os diré la verdad, que el aceite chisporroteaba me la chisporroteaba, pero me empecé a cabrear porque…los chisporroteos no ensuciaban para nada aquella encimera que tenía la marca, BALAY, escrita con letras más grandes que uno de los fuegos

¡Mierda!, pensé, ¿Por qué a mí se me pringa toda la cocina cuando frío y a esta estirada de la cuchara se le queda todo como si fuese la querindonga de mister Proper?

Antes de llegar siquiera a plantearme una posible respuesta, un hecho bestial se produjo.

Conmocionante.

Muy fuerte.

“Fuertísimo” como dice mi tía Josefa…pero eso lo dejo para la siguiente entrada, porque AHORA estoy haciendo una tarta Tatin y el horno me pita y me dice “tatin, tatin” como si fuese una ambulancia…las peras deben estar ya casicarbonizadas…

Si me disculpáis…

 

Por cierto…escuchad la letra y como el adán cuatro huevos le dice a eva que “no le apetece pato chino”…y, seguidamente, OH-REY le pide por su boquita que le haga eva lo que a él le apetece…hay que joderse con la letrita!!! (parecida a la realidad??? qué va…..qué va…)

 

4 comentarios el “LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS DE UN CURSO DE COCINA EN EVA (PARTE 1)

  1. ferran petit
    6 noviembre 2011

    Que bé que va una mica d´humor en aquest temps que córren…després del curs que estas fent ( del que ja espero ansiós la segona part) oblidat de convidar-nos a dinar de paella fora de casa. Prefereixo que et posis el fil dental i preparis un llit de patates

  2. amparo
    6 noviembre 2011

    Qué suerte las que hemos tenido una yaya “Calala” que nos advirtiese que nos tornaríamos Quijotillas por el feo hábito de la lectura compulsiva de todo cuanto caía en nuestras manos. Qué orgullosas se sentían cuando no les hacíamos ni caso y les contaban a las vecinas: “mi nieta, tol día libro arriba y libro abajo”. Una cosa te digo, yo con “un cuchillo de cojones” doy clases hasta de física cuántica, pero no me dejan, je,je. Las que pueden se aprovechan, y no sé si lloras por las cebollas, por el lecho o vaya uno a saber. Bs

  3. Josep Blesa
    7 noviembre 2011

    Eres de por !
    hahahahahaa…muacks !

  4. juanmartinezz
    8 noviembre 2011

    Como siempre tu divertido relato, irónico, mordaz y sarcástico, nos arranca unas cuantas carcajadas, yo como Adan que soy aunque un poco raro, me atrae más tangas de hilo dental y cristalitos de swarowski y………… que los lechos de patatas con fumé de champagne y trufa blanca, debe de ser que soy mayor.
    Como dice Ferrán que viene muy bien un poco de humor.
    Besotes

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