EVA Y SUS ADANES by Pura María García

EVA HABLANDO DE ADÁN

SOY RETROACTIVA…

Sí, soy retroactiva. Lo he descubierto hace unos minutos.

En realidad, yo ya sabía de esta característica mía, pero desconocía que tenía un nombre científico. Dejadme que os explique cómo ha amanecido hoy este lunes y lo podréis entender mejor.

  • 7.30 a.m: La abreviatura no significa, en mi caso, antes del mediodía sino “ánimo, mujer” o “anda, muévete”. Iba a deciros que últimamente no duermo muy maravillosamente que digamos, pero creo que ya os he comentado alguna vez algo acerca de mi  “sueñus-interruptus”. Abro la ventana de mi dormitorio, es uno de los primeros actos voluntarios del día, y echo una ojeadita a mi patio, una versión humilde de un jardín zen de funcionaria aplicada y trabajadora. Me gusta que mis pupilas tengan la oportunidad de captar el tono verde de las hojas de mis plantas. El verde es un color que asocio a la vida, a la acción, al ánimo cuando está pletórico (ya, y a los canónigos y a la rúcula y  a las verduritas que tomamos cuando nos ponemos a dieta, ya lo sé, no lo olvidaba). Hoy, lunes-lunero, el verde estaba un poco más apagado porque el gris del cielo intentaba hacerle un poco la puñeta y empequeñecerlo, aminorar su intensidad.  He ido en zombie-mood directamente a la bañera para tomar mi ducha de agua fría, hoy más fría, según he deducido por la apariencia  irregular de mi piel al recibirla. El estímulo del caudal artificial de la ducha, vertiéndose sobre mi cuerpo del mismo modo que caían los minutos que me separaban del acto de  salir al exterior de mi casa, me ha despabilado un poco, lo justo para encender el reproductor de Cd y conectarlo. La música de Supertramp ha sido hoy mi invitada a desayunar. Después, cuando  les he dejado cantando y coreándose, unos a otros, mi mano ha buscado la cafetera en un acto casi compulsivo ¡Cómo me gusta el sabor que dejan en mi paladar las primeras gotas del expresso que me preparo! Las siento como un contraste absolutamente sugerente con el velo con el que la noche nos impregna la boca al vestirla de silencio. Durante un tiempo,  zigzagueo por la casa, envuelta en una toalla de grandes dimensiones, de tono oscuro, como las que habitualmente utilizo. La cafetera me llama con un código diario y secreto: una luz roja que se resigna a permanecer fija, de repente, detiene su intermitencia y queda adherida a la parte frontal del pequeño electrodoméstico, sumisa. El expresso está listo en un instante, buceando debajo de la espuma, casi dorada, que le cubre, como una cortina liviana que antecede al primer sorbo. Supertramp, FROM NOW ON, mi expresso, el grís del aire y el lunes, casi recién nacido, me envuelven antes de lo haga la ropa que aguarda en mi armario de madera oscura. Me visto y elijo un colgante de plata que me gusta especialmente antes de reparar  en que utilizo colgantes, desde hace tanto tiempo que casi me sentiría un poco desnuda si no los percibiera sobre la piel de mi cuello mientras vivo cualquiera de mis días.
  • 08.40. Antes de salir, he organizado la casa, he terminado de desayunar al preparar una tostada con mermelada de melocotón y he dejado listo mi bolso, tan enorme que parece una maleta, en realidad.
  • 08.45. Conduzco hacia mi trabajo, rodeada, de nuevo, con los sonidos de la música que, esta vez seleccionada por el azar, se distribuyen por el interior de mi coche. Hay un pensamiento que se cuela en mi mente: soy feliz, me gusta vivir de la forma en que lo hago. Miro a través del cristal de la ventanilla y ahí, formando un exterior que me es familiar y previsible, sigue el grís, unas nubes diminutas, que crecen por minutos como panzas oscuras de una animal extraño que acaba de engullirse el cielo,  el mundo con el que, en general me llevo bien…

De repente, y sin motivo aparente, mi mente se empeña en merodear alrededor de una situación que hace varias semanas sucedió y que, teóricamente, está aclarada, superada, comprendida, interiorizada, aceptada, sublimada…Pues…nada de eso. Sin que yo le dé permiso, mis recuerdos danzan el vals de las vueltas y vueltas, y no el lago de los cisnes sino el de los elefantes ruidosos, evoco la situación, el motivo de aquel enfado…Yo no quiero autofastidiarme el día, PARA NADA y me empeño en que estos pensamientos kamikazes se alejen ¡Pero si ya estaba todo aclarado! ¿Qué narices hago ahora recordándolo con tanto realismo? No me preguntéis cómo, pero…he llegado a mi trabajo y al descender del coche me he visto reflejada en el cristal de la ventanilla al cerrar la puerta ¿QUÉ HE VISTO? Una puramaría con morros y un cabreo, una pena y un pesar que parecía la actriz principal de LA DAMA DE LAS CAMELIAS o NURIA ESPERT, representando una tragedia griega.

¿POR QUÉ?

¿POR QUÉ TENGO ESTE ENFADO RETROACTIVO, si yo soy feliz, eh?

PUES..os dejo el vídeo que lo explica TODO desde el punto de vista científico.

Menos mal que al saber que es un tema neuronal ha regresado mi buen humor y mis sonrisas aunque…he escrito un mail…también retroactivo para que se me pasasen esos morros retroactivos….

A ver quién inventa una píldora para que no tengamos enfados ni reacciones no-preciosas retroactivas. Puedo imaginarlo: Una píldora Candela, para que la mala leche RETROACTIVA no vuelva

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